FTA Chile-China

TLC CHILE CHINA:

PERFILANDO A CHILE COMO PLATAFORMA INTERNACIONAL DE NEGOCIOS ENTRE EL ASIA-PACÍFICO Y LATINOAMÉRICA.

Nicolás Ossa

Abogado UC, Master (LL.M.) en Derecho Económico y Comercial Internacional, UFV-Europa. Profesor invitado en Comercio, Inversiones y Arbitraje Internacional con Asia. Socio principal y fundador de OSSA.

Con fecha 1° de octubre recién pasado entró definitivamente en vigencia el Tratado de Libre Comercio (“TLC”) entre Chile y China, después de ser ratificado unánimemente en el Congreso. De esta forma, la superpotencia asiática concreta el primer acuerdo de este tipo con un país no asiático.

Beneficios y generalidades.

Con una población actual de más de 1.300 millones de habitantes, y un crecimiento económico mantenido de alrededor de un 9,5% en los últimos 10 años, minuto a minuto China se transforma en un actor cada vez más poderoso y determinante en la política y economía mundiales. Para muchos, el abrumador fenómeno protagonizado por este país es considerado una verdadera “segunda revolución industrial". Sin duda alguna, el crecimiento brutal e invasivo de las economías emergentes del Asia y las relaciones comerciales, intercambio cultural y manejo político con Occidente, determinarán el escenario geopolítico del siglo XXI.

Para Chile, pareciera ser que las posibilidades de inversión y exportaciones, de aumentar las escalas de producción y de aprovechar las ventajas comparativas de todos los recursos naturales que el país tiene, se multiplican por más de 100.

Sólo durante el pasado año 2005, el intercambio comercial entre Chile y China superó los 7.138 millones de dólares, transformando así a China en nuestro 2° socio comercial después de los Estados Unidos. La balanza comercial marcó un superávit para Chile de 1.903 millones de dólares. Asimismo, 523 empresas chilenas exportaron al país asiático, de las cuales 217 (41,4%) fueron pymes. Se realizaron exportaciones chilenas por 4.596 millones de dólares y ventas chinas por los 2.542 millones restantes.

Así, la suscripción del TLC parece perfilarse como un instrumento extremadamente útil para Chile en torno a poder sustentar un crecimiento mantenido de nuestras exportaciones, al contar con un acceso preferente al gigantesco mercado chino y ciertas reglas permanentes para el desarrollo de nuevos negocios.

Gracias a este TLC, nada menos que el 92% de las exportaciones chilenas a China se benefician con una desgravación arancelaria inmediata. Productos como el cobre y otros minerales, aceites de pescado, pollos, cerdos, fruta fresca, quesos y otros, serán los más beneficiados, sin perjuicio de lo cual, este convenio le abre las puertas del mercado chino a muchos otros productos, entre los cuales cabe destacar los derivados de la industria vitivinícola y la agroindustria, entre muchos otros.

En tanto, el 50% de las importaciones chilenas provenientes de China tienen desgravación arancelaria inmediata.

Además de la desgravación inmediata para el 92% de las exportaciones, obtuvimos que, del restante 8%, un 7% se desgrave en un plazo máximo de 10 años, restando así sólo un 1% en la lista de excepciones.

Con su entrada en vigencia, la economía chilena podría tener un importante incremento del Producto Interno Bruto, incruento que se calcula hasta en un 1,5%.

Además, según cálculos relativamente realistas, deberían generarse alrededor de 20 mil nuevos puestos de trabajo, en condiciones concordantes con los cánones laborales que establecen las legislaciones de cada país y con las normas internacionales establecidas por la OIT.

Aun más allá, el TLC liberaliza y fomenta fuertemente el comercio internacional de bienes y regula ciertas disciplinas relacionadas, contemplando 14 capítulos que abordan temas comerciales, institucionales y de cooperación entre ambos países. Además de lo anterior, consta de 8 anexos que contienen, entre otros, todas las listas de eliminación arancelaria, las indicaciones geográficas, las reglas específicas de origen y certificados de origen.

Por nuestra parte, los consumidores chilenos nos deberíamos ver altamente beneficiados gracias a la desgravación inmediata de bienes como maquinarias, computadores, teléfonos y automóviles, entre muchos otros. La desgravación “a 0”, que rige para el 50% de los bienes de alto consumo que se importan de China, ya está operativa y lista para ser aplicada especialmente sobre equipos informáticos y de telecomunicaciones, los que verán así muy reducidos sus precios. Lo anterior debería traer como consecuencia lógica un impacto prácticamente inmediato en nuestro poder adquisitivo y, ergo, en nuestra calidad de vida. Adicionalmente, los insumos informáticos y de telecomunicaciones (elementos claves de la cadena productiva) también se devaluarán, lo que contribuye a aumentar la competitividad de nuestras empresas.

Nuestros estudios indican que, debido a las mayores oportunidades detectadas, el TLC con China facilitará –sin duda- la instalación en Asia de empresas chilenas tanto grandes, como medianas y pequeñas. Sin ir más lejos, sólo en Shanghai -en el quinquenio 2001/2006- ya se han instalado más de 20 (más información en OSSA Lawyers & Consultants ).

Algunos desafíos.

Creemos que será fundamental hacer un esfuerzo sobrehumano de cooperación entre los sectores privado y público, con miras a la consecución de variados objetivos tales como incentivar la asociatividad (para generar sinergias y mayor competitividad), potenciando fuertemente los instrumentos de apoyo a los exportadores, mejorando sustancialmente la tecnología de aplicación, abriendo más espacio y fomento a la inversión en I+D, etc., para que tanto nuestras grandes como también las medianas y pequeñas empresas puedan enfrentar este mega mercado. Hay un tremendo desafío con respecto a nuestras escalas de producción, a la flexibilidad de nuestra economía y a su capacidad de adaptación.

Asimismo, el TLC representa un enorme reto para la descentralización y desarrollo regional (no olvidemos que Chile tiene una inmensa variedad y riqueza en recursos naturales, que están repartidos a lo largo de todo el país).

Chile: País plataforma.

Desde una perspectiva más estratégica y de mediano-largo plazo, se espera que la vinculación al Asia-Pacífico se traduzca en que Chile se transforme en una verdadera plataforma de inversiones para la producción de bienes y servicios para otros mercados, constituyéndose de esa forma en un puente natural de conexión comercial entre Asia y Latino América.

Con la eventual inclusión de servicios e inversiones en una segunda fase de negocios, se apuesta a que nuestro país sea la puerta de entrada de capitales chinos a la región latinoamericana, así como a mejorar sustancialmente nuestra posición en el Asia Pacífico, región que hoy es el destino de casi el 40% de nuestras exportaciones totales.

La red de acuerdos comerciales que Chile ha suscrito con los países de América Latina, incluyendo la participación de Chile en el Mercosur, los tratados de libre comercio y otros acuerdos de alcance parcial que se han celebrado o están siendo negociados actualmente con otros países asiáticos –tales como el P4, Corea, India y Japón- y la reforma en la legislación tributaria llevada acabo en 2002, a través de la cual se facilita el uso de Chile como plataforma desde la cual administrar inversiones en otros mercados y fomentar asociaciones entre inversionistas extranjeros y empresas locales, (eximiendo a las llamadas “sociedades plataforma” de pagar impuestos en Chile por utilidades de obtenidas afuera), y a través de lo cual la ley intenta solucionar el problema de la triple tributación y entrega a los inversionistas extranjeros instrumentos en incentivos adicionales para tomar ventaja de la aparente estabilidad legal, institucional, económica, social y política de Chile, de sus altos estándares de infraestructura dentro de la región y recursos humanos de buena calidad.

Chile, junto con bases macroeconómicas sólidas y lo mencionado más arriba, junto con esfuerzos presentes y futuros en el alcance de aun mejor infraestructura, transportes y comunicaciones, parece tener condiciones apropiadas para operar como un puente de conexión comercial natural entre América Latina y Asia. Con la suscripción del TLC con China, un gran paso se da para avanzar en la estrategia de establecer enlaces más estrechos entre ambas regiones a través de Chile. No sólo porque el país asiático es el nuestro 2° socio comercial, sino que porque se está colocando -gradual y permanentemente- como uno de los socios comerciales principales de nuestros vecinos sudamericanos.

A ello se debe agregar el interés político y económico de los países latinoamericanos latinos en acercarse a quien, según estimaciones de expertos, se considera será la primera potencia económica al año 2015.


Por su parte, China y otros países de Asia ven en Latinoamérica una fuente inagotable de recursos naturales que contribuye fuertemente a mantener sus altos índices de crecimiento.

Sólo las importaciones de de China desde países latinoamericanos, se ha ampliado notablemente en los años recientes: desde el año 2000, pasaron de 5.400 millones de dólares a más de 22.000 millones en 2005 (cuadruplicado).

Chile, con la extensión del TLC a servicios e inversiones, apuesta ciertamente a ser la puerta delantera de las inversiones chinas en la región latinoamericana, en sectores tales como energía, explotación minera, infraestructura y agricultura, entre muchos otras.


Todo lo arriba explicado, hace mucho más que probable que al corto-mediano plazo las controversias y disputas derivadazas de comercio, contratación e inversiones internacionales entre Asia y Latinoamérica, sean impresionantemente numerosas, millonarias y muy diversas y complejas.

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